viernes, 12 de mayo de 2017

La Procesión Marítima de 1946




Después de 61 años, nuestra excelsa Patrona volverá a recorrer las aguas de la Bahía de Cádiz. En aquella ocasión fue celebrando su festividad, realizando procesión terrestre y también procesión marítima. Llego al muelle tras salir de la Catedral a las 18.30 horas. En las filas se contaban por miles las señoras que acompañaban a la Virgen, acudiendo las asociaciones religiosas de todas las parroquias portando sus insignias, las asociaciones del Rosario Perpetuo, la Guardia de Honor del Rosario y las Damas Camareras de la Patrona. Tras ellas se situaba el paso de la Virgen escoltado por seis marineros de la Comandancia Militar de Marina. Tras el paso, el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo, el doctor Tomás Gutiérrez Díez, acompañado por el diácono de honor, el lectoral don Raimundo Rubio y el canónigo don Antonio Ternero Pérez, y con capas pluviales los Beneficiados Señores Bago y Salado. Le seguían todas las ordenes religiosas y los párrocos y clero de la ciudad. Tras ellos, la Banda de Cornetas y Tambores del Regimiento de Infantería de Cádiz numero 41. A continuación, millares de caballeros de Acción Católica y Caballeros del Rosario con sus respectivas insignias. Finalmente, iba la presidencia oficial, que ostentaba el Gobernador Civil, don Ricardo Zamora García; el Gobernador Militar, don Luis Escassi Osuna; el Comandante Militar de Marina, don José de Dueñas; el Presidente de la Diputación Provincial, don Juan José Lahera de Sobrino; el Presidente accidental de la audiencia, don Pascual Díaz de la Cruz; el delegado provincial del Trabajo, don Pedro Amblés; el Coronel Jefe del Estado Mayor del Gobierno Militar, don José Millán; el Comisario Jefe de la Policía, don Isidoro Gallego; el Teniente Fiscal, el Sr. Bordallo; el Rvdo. P. Fray Ramón González de comunidad dominica, el presidente de la Asociación de Caballeros del Rosario, don Manuel Cerón Bohorquez, además de otras personalidades. Cerraba el cortejo la banda de música de la Obra de Educación y Descanso.


A las 19.45 horas hacia su entrada en el Muelle Reina Victoria la Santísima Virgen del Rosario, donde le aguardaba la barcaza "K" de la Marina de Guerra. El virtuoso gaditano don Antonio Accame había convertido la barcaza en un suntuoso trono para la Celestial Patrona de Cádiz. En la parte central de la embarcación de grandes dimensiones se había levantado un precioso templete a manera de altar, rodeado de candelabros y jarrones adornados con hermosas flores. Rodeando el conjunto, un rico paño de altar bordado en oro. La barcaza había sido alumbrada en todo su conjunto, y la cubierta era  convertida en un salón rodeado de una amplia barandilla circundada de guirnaldas de flores y en los pedestales estaban colocadas unas artísticas farolas. Completando el conjunto, multitud de lanzas que sostenían banderas y gallardetes de los colores nacionales, continuados con otras muchas guirnaldas y diminutas florecillas blancas. La parte de la proa había sido acondicionada para las autoridades y la popa, tras el altar con la Virgen, para el Ayuntamiento bajo mazas, cuya Corporación, presidida por el Alcalde se había incorporado a la procesión cuando pasaba por debajo de las Casas Consistoriales. En las bandas del barco se habían colocado bonitas plantas de salón.

A las 8 y pocos minutos llegó el paso de la Santísima Virgen a la escala del muelle Reina Victoria ante el aplauso y los vítores de la multitud. Inmediatamente se procedió  al traslado de la Patrona en unas pequeñas andas desde su paso hasta la barcaza, a la que accedió mientras sonaban los acordes del Himno Nacional. Una vez depositada la Virgen bajo el templete se situaron a su alrededor seis marineros de la Armada y delante acólitos portando preciosos faroles de mano. Seguidamente subieron las primeras autoridades y el Ayuntamiento bajo mazas a bordo de la barcaza, la cual estaba al mando del Teniente de navío, don José Coello Villarino. El Prelado, revestido con los sagrados ornamentos, paso a ocupar la parte de la proa, al lado de estribor, acompañado de los miembro del Cabildo Catedral y de los representantes de las comunidades y ordenes religiosas, así como de la junta directiva de los Caballeros del Rosario, y en el lado de babor ocupaban su sitio las autoridades civiles y militares que antes hemos citado.  En la popa, tras la Corporación Municipal con sus maceros y clarineros se situaba una sección de la Guardia Urbana con su jefe Luis Machuca al frente. Asimismo embarcaron todas las banderas que figuraban en la procesión.


Delante de la barcaza se situaba el remolcador de la Junta de Obras del Puerto “Eduardo Benot”, cedido por la corporación, cuya junta al completo se encontraba sobre el buque, así como otras representaciones oficiales. Los remolcadores “Ángela Comes” de la Compañía Auxiliar de Comercio y Navegación (AUCONA), y “Torregorda” de la Constructora Naval, se hallaban atracados en lugar inmediato para que los fieles pudieran completar la procesión marítima a bordo de los mismos.

A las 20.15 horas se puso en marcha el “Eduardo Benot”, llevando a remolque a la barcaza “K”, portadora de la Excelsa Patrona de Cádiz. Volvió a sonar el Himno Nacional mezclándose con los vítores y la sirenas de los barcos fondeados en el puerto, ya fueran de bandera nacional o extranjera. Una vez que empezó a surcar el mar la barcaza “K” fue completamente rodeada por multitud de embarcaciones de vela y botes de remo, repletos de numerosos fieles. A bordo del “Benot”, iba situada la banda de música de “Educación y Descanso” la cual interpretó algunos números de música sacra y la Salve popular, que fue cantada por cuantos figuraban en la procesión marítima. En dicho remolcador se habían instalado varios proyectores que iluminaban la barcaza de la Virgen. Las coplas a la Virgen no cesaron durante todo la travesía por la dársena, llagando la procesión hasta la Punta de San Felipe, para regresar seguidamente hacia el muelle. Nuevamente el “Benot” llevo a remolque a la barcaza para facilitar su atraque a la escala. Cuando se hallaba la embarcación a pocos metros del muelle, la muchedumbre que aguardaba la llegada de la Santísima Virgen rompió de nuevo en aplausos y vivas y volvieron a sonar con fuerza todas las sirenas. El atraque en el muelle se hacia a las 21 horas, y sin demora, iniciaba el desembarco las autoridades y la Santísima Virgen que volvería a situarse en su paso.


Una vez iniciada la procesión de regreso, era tal el gentío que los presentes se adentraban en el cortejo y se mezclaban con las representaciones, pugnando por estar los mas cerca posible de la Virgen del Rosario. En torno a las 10 de la noche llegaba la Virgen a Santo Domingo cuyos alrededores se encontraban abarrotados. Las bandas interpretaron el Himno Nacional en el momento en el que la milagrosa imagen era introducida en el templo, y tras el paso, comenzaron a entrar las autoridades. El pueblo presente de manera espontánea le cantaba la Salve a la Virgen, y a continuación, el Padre Predicador de la Novena, Fray José Merino, del Convento de Felguera (Asturias) desde las puertas de la Iglesia se dirigió a la multitud dando las gracias al pueblo gaditano por la demostración de amor hacia su Patrona. 

Por último, el Obispo Tomas Gutiérrez, conmovido ante aquella muestra de fe cristiana, se dirigió elocuentemente a los fieles quienes al terminar dieron numerosos vivas a su Patrona. A las 22.30 con el rezo de la Salve a cargo del Padre Merino dio por concluida esta peculiar procesión de la Patrona.


Bibliografía: Diario de Cádiz y ABC (8 de octubre de 1946), Programa de la Novena de 1946.

lunes, 11 de abril de 2016

Las procesiones extraordinarias de la Patrona (desde 1649 hasta finales del s.XIX)

En este articulo enumeraremos todas las salidas extraordinaria de las que tenemos constancia que ha tenido nuestra Patrona. La gran devoción de Cádiz ha estado siempre presente en los momentos importantes de la ciudad, saliendo en procesión rogativas en las distintas epidemias, para celebrar acontecimientos militares, en las grandes fiestas de la iglesia o para conmemorar aniversarios propios.

La primera salida extraordinaria documentada tiene lugar 1649, después de sufrir la ciudad durante tres años la mayor epidemia de peste que se recordaba hasta entonces. El pueblo de Cádiz se encomienda a la Virgen del Rosario y el cabildo catedral acuerda trasladar  la imagen de la Virgen del Rosario desde Santo Domingo a la Catedral en procesión de rogativas según acuerdo del 1 de Marzo de 1649.

“En la ciudad de Cádiz, lunes primero de Marzo de mil y seiscientos quarenta y nueve años, se juntaron los Sres. D. Antonio Álvarez de Boorquez, Chantre y canónigo presidente; D. Juan Beltrán de Manurga, tesorero; D. Juan de Cetina, Maestrescuela; D. Matheo de Guevara, Arcediano de Medina; D. Francisco de Quesada, D. Andrés Padilla, D. Andrés Bermúdez, D. Francisco de Estrada, D. Francisco de los Cameros, canónigos; D. Juan Blanco, D. Pedro Calderón, Dr. Aparicio Rendón, Gonzalo de Sosa e yo Juan Baptista Carlos, Simon Gutiérrez, Melchor Palomino, racionero; siendo llamados por cédula ante diem: Acordaron lo siguiente:

Al último Capítulo de la cédula para ver la carta que el Sr. thesorero tiene acerca de la devoción de Ntra. Sra. del Rosario y traer la imagen a esta sancta Iglesia, se acordó que se haga en procesión y en ella se traiga la imagen a esta Iglesia, etc. Ante mí licenciado Juan Baptista Carlos, Razionero. Secretario.”

Sobre las misas y el rezo del Rosario el cabildo catedral acuerda lo siguiente:

“Cabildo, jueves, cuatro de Marzo de mil y seiscientos quarenta y nueve. Ceremonias. Y se trató de las misas que han de decir a Ntra. Sra. del Rosario y en que tiempo; y se acordó que se digan en el altar mayor después de la Prima en los días que hubiese desocupados, y en que los digas ocupados se digan en una capilla de los colaterales, y que en la procesión de Ntra. Sra. del Rosario se digan, a la ida las letanías y a la venida el Rosario a choros, y que así mismo se digan a choros en el altar mayor el domingo por la tarde con la oración del Rosario y la antiphona contra la peste”

En septiembre la epidemia desapareció y en recuerdo de la intercesión de la Virgen del Rosario los capitulares de la Santa Iglesia Catedral acordaron rezar el rosario a coro todos los días concluidas las completas.

En 1730 azota la ciudad una epidemia de fiebre amarilla y el capitular D. Simón de Villalta presenta una proposición al Ayuntamiento para celebrar función votiva e implorar ante la Santísima Virgen la liberación de la epidemia aceptándose la propuesta y desapareciendo la epidemia rápidamente. Por ello se acuerda en acción de gracias sacar una solemne procesión con Jesús Nazareno, los patronos San Servando y San Germán y Ntra. Sra. del Rosario que por diversas circunstancias no se puedo llevar a cabo. El día 2 de noviembre de 1730 el Ayuntamiento acuerda lo siguiente:

“Siendo el titulo del Rosario, uno de los que mas motivan y encienden la devoción a esta celestial Señora y edifica de noche ver que los que van a frecuentar en rogativa a su templo y que apenas se dará casa en donde se deje de practicar el que desde el dueño hasta el mas inferior lo recen a coro… se acuerda por el Ayuntamiento asistir todos los años a la función que en la misma Iglesia de Santo Domingo se celebra, sacando la bendita Imagen de Ntra. Sra. del Rosario, en la tarde del primer domingo de octubre. Avino en ello el Ayuntamiento”

Vuelve a salir la Virgen del Rosario, ya considerada Patrona de la Ciudad, en procesión de rogativas en la fatídica mañana del 1 de Noviembre de 1755 para interceder milagrosamente en el maremoto provocado por el terremoto de Lisboa, llevando los frailes dominicos a la Santísima Virgen hasta el Baluarte de los Negros y situando a la Virgen mirando hacia el mar. Entonces la furia del mar cesó y volvió la calma, atribuyéndose el milagro a la Virgen del Rosario y gracias a este hecho es nombrada Patrona oficial por el Ayuntamiento de la ciudad. Días mas tarde vuelve a salir en procesión de acción de gracias como recoge este acuerdo del cabildo municipal que no trascribimos entero al encontrarse ya en el articulo sobre la intercesión de la Virgen del Rosario en el Terremoto de 1755. (Ver articulo)

“…de acuerdo con la Comunidad de Sto. Domingo, celebrar una Novena de Misas cantadas por la mañana, y plática por la tarde, y que concluida se saque el sábado en la tarde una procesión con la imagen de Nuestra Señora del Rosario y los demás pasos que se quieran agregar, pasándolos alrededor de las murallas para universal consuelo de este afligido pueblo, que lo confía todo del patrocinio del original de esta sagrada imagen.”

El 17 de septiembre de 1784 es llevada la Virgen del Rosario hasta la Catedral para presidir la función solemne que ambos cabildo celebrarían en acción de gracias por el fin de una nueva epidemia de fiebre amarilla. En la procesión con la Virgen participó el Gobernador, el Ayuntamiento en pleno, los gremios y todas las clases sociales.

Durante la primera mitad del s. XIX no tenemos noticias de ninguna salida extraordinaria de la Santísima Virgen, quedando su culto mermado tras la exclaustración de los frailes dominicos el 18 de agosto de 1835. Pero el culto (que no la devoción, ya que esta nunca la perdió su pueblo) a la Santísima Virgen resurge con mucha fuerza a raíz de una nueva intervención milagrosa en la epidemia de cólera morbo del año 1854. Este hecho provoca el comienzo de los tramites por parte de la Iglesia para que la Santa Sede le otorgue a la Virgen del Rosario el patronazgo canónico sobre la ciudad, titulo que sería otorgado el 27 de junio de 1867. Para celebrar la concesión eclesiástica del título, la Virgen volvería a acudir extraordinariamente a la Catedral como se acordaría en cabildo del 14 de septiembre de 1867:

“Cabildo 14 de Septiembre; Extraordinario. El Sr. Molina, en nombre de la Comisión nombrada por el Exmo. Cabildo para determinar con el Ilmo. Sr. Obispo la forma en que había que celebrarse este año y siguiente la festividad de la Virgen del Rosario, declarada nuevamente Patrona principal de Cádiz, expuso que el Prelado y la Comisión habían determinado que en este primer año se trajese en procesión la Imagen del Rosario para las primeras vísperas de la fiesta y que después de las segundas se restituya a su Iglesia de Santo Domingo con asistencia de una comisión del Exmo. Cabildo, que se tendrá como presente a la Misa o aniversario que tendrá lugar en dicho día; de que certifico”

Así mismo en Cabildo de 20 de Septiembre “se acuerda que la hora para salir procesionalmente, las primeras vísperas, sea a las tres en punto, y que se permita al Capellán de Sto. Domingo que no se separe de las Andas, por su devoción”; y en Cabildo celebrado en 4 de Octubre “que la Santa Imagen entre y salga de la Catedral por la puerta principal, y que la hora para devolverla a su Iglesia, sea después de Maitines, adelantándose estos una hora”En el Boletín Oficial del Obispado de Cádiz del mes de Septiembre, se anuncia lo siguiente:

“Las solemnidades religiosas acordadas para celebrar el nuevo Patronato de Nuestra Señora del Rosario sobre esta ciudad, tendrá lugar en la forma siguiente:

A las tres de la tarde del sábado 5 del próximo Octubre los dos Exmos. Cabildos se dirigirán a la Iglesia de Sto. Domingo y sacarán procesionalmente de ella la imagen de nuestra amantísima Patrona, llevándola a la Santa Iglesia Catedral, donde se cantaran solemnes Vísperas y Maitines.

En el Siguiente domingo e inmediatamente después de la procesión de Tercia, se celebrará en la Santa Iglesia, que así como las Vísperas oficiará de Pontifical nuestro Ilmo. Prelado, predicando en ella el Sr. Dr. D. Sebastián Herrero y Espinosa de los Monteros, canónigo de dicha Santa Iglesia y provisor y vicario general de la diócesis, y por la tarde, terminado el oficio divino, nuestra Stma. Patrona con la mima solemnidad que fue conducida a la Santa Iglesia Catedral, será devuelta a su templo.

Lo que de orden S.S.I. el Obispo mi señor se publica en este Boletín para conocimiento y satisfacción de los fieles. Cádiz 21 de Septiembre de 1867. Fernández, vicesecrt.”

Durante la estancia en la Catedral el recordado Obispo fray Félix María de Arriete y Llano le impuso en ceremonia privada la cruz pectoral que hoy sigue luciendo la Virgen en las grandes fiestas. Así mismo el 17 de octubre, acuerda el Cabildo eclesiástico celebrar con la mayor pompa el aniversario de esta concesión.

Una nueva epidemia de cólera tiene lugar en el año 1885 y de nuevo saldría de rogativas la Virgen del Rosario, esta vez con Jesús Nazareno. El 8 de agosto a las 5 de la tarde salía de la Catedral las cruces de las distintas parroquias, el Cabildo Eclesiástico y el prelado de la diócesis junto con la imagen de los Santos Patronos. Llegado el cortejo a San Juan de Dios, se unió el gobernador civil y el Ayuntamiento bajo mazas, dirigiéndose la comitiva hacia Santa María para que se incorporara la imagen de Jesús Nazarenos y por ultimo llegaría hasta Santo Domingo donde se unió la Virgen del Rosario y retorno el procesión hasta la Santa Iglesia Catedral. Las imágenes permanecieron en el primer templo diocesano durante 85 días, volviendo a sus templos el día 2 de Noviembre. (Ver articulo)

El 3 de octubre de 1886 se trasladaría la milagrosa imagen de la Patrona de nuevo a la Catedral para presidir la ceremonia de ordenación episcopal del Ilmo. y Rvdmo. Sr. D. José María Rances y Villanueva, designado Obispo de Dora y Prior de las Ordenes Militares.


El 25 de agosto de 1895 vuelve a salir la Patrona de la ciudad para presidir una misa de campaña en la Plaza de San Juan de Dios. La Virgen salio del Convento a las 4 de la mañana y las 6 comenzaría la misa oficiada por el Exmo. y Rvdmo. Sr. Vicente Calvo y Valero, Obispo de Cádiz, para pedir por los soldados que iban a partir a la guerra de Cuba. Una vez concluida la misa y terminado el desfile militar, la Virgen del Rosario regresó a Santo Domingo. (Ver articulo). Tres años después, el día 24 de mayo, el obispo dispuso que volviera a Salir la Virgen del Rosario en rogativas para pedir por los soldados combatientes en Filipinas contra los Estados Unidos. Si bien, quienes salieron finalmente fueron los Santos Patronos que llegaron hasta el Convento de Santo Domingo donde se celebró solemne misa a las plantas de la Patrona.

lunes, 2 de noviembre de 2015

La intercesión de la Virgen del Rosario en el terremoto de 1755

Conocidísimos son los hechos que sucedieron en la ciudad en la mañana del sábado 1 de noviembre del año 1755, no tan conocido es lo que supuso ese terremoto en el devenir de la historia de Nuestra Patrona. Nos relatan las crónicas que a las diez de la mañana, un temblor de tierra de gran intensidad, se noto en toda la ciudad durante 10 minutos, originándose algunos daños, pero ninguno considerable. Poco después las olas alcanzaron entre 12 y 15 metros de altura, causando 15 muertos en la ciudad gracias a la rápida actuación del gobernador de la ciudad, D. Antonio Azlor, que mandó a cerrar la puerta de la muralla por donde se accedía a la ciudad, evitando así que la población huyera despavorida por el istmo que une la ciudad con la Isla de León, el cual quedó sumergido por la furia del mar. Posteriormente hemos sabido que el terremoto de Lisboa alcanzó nueve grados en la escala de Ritcher, considerándose como uno de los mas destructivos de la historia, dejando en España 61 muertos por el terremoto y mas de 2.000 por el tsunami.

Si bien, la tradición popular otorga a la Santísima Virgen del Rosario, en doble prodigio, que la furia del mar cesara y retrocediera milagrosamente; ante el estandarte de su Rosario Publico en el Barrio de la Viña, y en la muralla del Baluarte de los Negros ante la gloriosa imagen de la Virgen a la que ya estaba vinculado el patronato de la ciudad, pero gracias a este hecho quedaría refrendado por ambos cabildos, secular y eclesiástico.

Hasta Santo Domingo acudió el pueblo de Cádiz para implorar la intercesión de la Virgen, que se encontraba en sus andas para la procesión claustral que se celebraría al día siguiente, primer domingo de noviembre. La comunidad de padres dominicos ante la cantidad de fieles que llegaban al templo, deciden llevar procesionalmente a la Santísima Virgen hasta las murallas de la ciudad junto con Su Divina Majestad, portando la custodia un religioso dominico. El numeroso cortejo recorrió la calle Plocia para llegar al Callejón de los Negros y subir la rampa que allí existía para acceder a la muralla del Baluarte del mismo nombre donde depositan las andas de la Santísima Virgen junto con la custodia con el Señor Sacramentado, en ese momento la población allí congregada cae de rodilla al contemplar como las aguas retroceden y que perdía la fuerza, para justo después aclamar con entusiasmo a la Virgen del Rosario. Con el mar en calma se procedió a la procesión de regreso de la Virgen, quedando expuesta en el Copas de Santo Domingo durante todo el día mirando hacia el mar, para la veneración y agradecimiento de los fieles.

El Obispo de la diócesis, Fray Tomas del Valle se encontraba por accidente en la vecina localidad de Puerto Real, exclamando mientras contemplaba el maremoto “¡Ay Cádiz, Dios tenga de ti misericordia!” Al día siguiente llego el prelado a la ciudad, y sabedor del milagro de la Santísima Virgen acudió a dar gracias a Santo Domingo, acompañado de una gran muchedumbre. El martes 4 de noviembre publicó el siguiente edicto que transcribimos.

“Don Fray Tomás del Valle, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Cádiz y Algeciras, del Consejo de S. M .,su Capellán Mayor y Vicario General de la Real Armada del mar Océano, etc.
A todos los fieles de esta Ciudad: Salud, consolación y paz en Nuestro Señor Jesucristo.
Después de la terrible, espantosa y a nuestros ojos jamás vista tormenta del temblor de tierra, y enfurecida braveza del mar, en cuyos aparatos y horribles efectos llegamos a temer el sábado próximo, no sin fundamento, el que a Cádiz se lo hubiese tragado este voraz cristalino golfo; provida la Iglesia nuestra madre, aún no bien calmado el susto, y vistiéndose del espíritu que la anima, salió al encuentro a nuestras aflicciones: intimidándonos, por general consuelo por parte de Dios, el siguiente gratísimo edicto, en el introito de la Misa, de la dominica inmediata, que fue ayer, deducida del capítulo 29 de Jeremías, profeta, dice el Señor: «Yo tengo pensamiento de paz, y no esos tan turbulentos que habéis tenido; me invocareis, y yo os oiré muy pronto»; todo alusivo a la extraña tormenta que padecieron los Discípulos en las orillas de la mar, de que hace memoria el evangelio de dicho día; y viendo Nos, y otro tan oportuno igual, como que parecen idénticos los casos; no podemos dejar de repetiros que Dios en estos aparatos tormentosos no tiene pensamientos de guerra, sino de dulcísimos preparativos al establecimiento de la interminable paz, que quiere hacer con nuestras almas, llamándooslas con el espanto, buscándooslas con el movimiento de la tierra, efecto de la solicitud de sus pasos, haciéndose sentir en el retroceso del mar y en la furiosa cometida de sus olas; en las que a su vuelta si el Señor no viniera de paz ya hubiéramos perecido todos; y manifestándonos por último que si no lo tenemos de su parte estos amenazados castigos los experimentaremos en un instante, estragos sobre nosotros. No quiera el Señor de las Misericordias que nos mantengamos tan rebeldes y tan endurecidos que no lleguemos a percibir el ruido de sus divinos piadosos pensamientos; ni quiera Su Majestad que siguiendo Cádiz la inmensa libertad que se ha tomado en la profanidad, obscenidad y descompuesta compostura de su adorno, en que ya olvidando lo cristiano se pone todo el estudio en lo gentil y más arriesgado de la brillante ostentación con que se procura tapar el barro de nuestra mortal fetidez; acaso (acaso fatalísimo) lleguemos a vernos todos bajo el cuchillo de la Divina severidad y venganza, que no tardará, en no quitando nosotros las puntas aceradas de nuestros yerros, y culpas, que con tanto extremo en concurrencia y diversiones, que corrompen la moral cristiana, avivan su veloz movimiento.
A este fin, habido aquí por repetido el mencionado Edicto de Jeremías, profeta, llamamos y convidamos a todos los fieles de esta Ciudad a penitencia, compunción y llanto de nuestras culpas, por medio de un ayuno riguroso según las fuerzas de cada uno en el día de mañana miércoles 5 , en el que con acuerdo de los Ilustrísimos Cabildos Eclesiástico y Secular de esta Ciudad, hemos determinado salir por la tarde, llevando en procesión las dos hermosas efigies de Nuestros Santos Patronos San Servando y Germano cuya sangre regó esta tierra, que parece se nos quiere huir de nosotros por no poder tolerar el gravísimo peso de nuestras deformidades; y conduciendo también el relicario del Lignum Crucis con cuyo trofeo de la Pasión del Señor y Santas Imágenes, nos encaminaremos a la iglesia de Ntro. Padre Santo Domingo con la más devota rogativa, a poner a los pies de la Santísima Virgen del Rosario nuestros humillados contritos corazones, ya arrepentidos de haber laxado tanto las riendas; para lo que convocamos, citamos y pedimos a todos los fieles moradores de esta Ciudad, que tengan a bien acompañarnos, tanto en la estación dicha cuanto en la eficacia de pedir a Dios perdón y misericordia; y al día siguiente, jueves 6, se manifestará en esta Catedral con misa el Augustísimo Sacramento del Altar, entonando el Tedeum lauda- mus, en acción de gracias por tantas y tan divinas piedades. Por todo lo cual, y para que todos se prevengan con la correspondiente disposición y humillación debida a un acto tan piadoso y de tanta edificación y consuelo, mandamos despachar y despachamos este nuestro Edicto de general noticia a todos. Dado en Cádiz a cuatro días del mes de Noviembre de 1755.—FRAY TOMÁS, OBISPO DE CÁDIZ.—Por mandado de S. I. el Obispo mi Señor, DON LUCAS LÓPEZ DE BARRIO.”

Se cuenta que tanto las fiestas del día 5 como las del día 6 se celebraron con gran solemnidad participando en ellas todas las Comunidades, Cofradías y Hermandades de la ciudad, especialmente la del Rosario dotando de gran pompa todos los actos que se realizaron en Santo Domingo. También el ayuntamiento se sumó a los actos en agradecimiento a la Virgen del Rosario, acordado el Cabildo municipal lo siguiente que también transcribimos en su totalidad.

“Cabildo del sábado, día 8 de noviembre de 1755. Se juntó el Cabildo General en las Casas Capitulares de esta ciudad, Justicia y Regimiento, concurriendo los Sres. Don José Javier de Solórzano, del Consejo de S.M. en la Real Audiencia de Sevilla, Teniente de Gobernador y Alcalde Mayor por S.M. en esta; Don Juan Antonio Jiménez de Montalvo y Cabrera, Alguacil Mayor; D. Juan de Huarte, D. Manuel de Barrios y Soto, D. Juan Luis de Orta, Procurador Mayor; D. Francisco Lebrun Chacón, del Orden de Santiago; D. Jerónimo Ravaschiero y Tiesco, D. Francisco José Roldan y Villalta, D. Juan Vicente de Salazar y Herrera, D. Juan Manuel de Alderete, Marques de Casinas; D. Juan Terry, Marques de Cañada, D. Luis Arnesto de Troya; D. Francisco de Cepeda Guerrero, del Orden de Calatrava; D. Antonio Legobien y Mendoza, D. Diego Martínez Contador, D. Juan José Romero Yepes, D. Bartolomé Antonio de Losada y Quiroga y D. José de Lila y Fantoni, todos Regidores perpetuos de esta ciudad, y juntos capitularmente, habiéndose mandado entrar en la Sala Capitular y entrando en ella Joseph Martín y Miguel Montero, porteros, exhibieron las cédulas convocatorias para este Cabildo cuyos puntos son: Para oír al Procurador Mayor sobre lo acaecido el día de Todos los Santos, sábado 1 de este mes y sus incidencias; y jurado dichos porteros por Dios y una Cruz, según derecho, certificando haber convocado a todos los señores capitulares que se hallan en esta ciudad y pudieron ser habidos, y a los que no, les dejaron recado en las casas de sus moradas, con expresión bastante de los puntos de dicha cédula, con lo que se procedió a la celebración de este Cabildo en que se trató y se acordó lo siguiente:
Leyóse la cédula convocatoria y en su consecuencia el Sr. D. Juan Luis de Orta, Procurador Mayor, manifestó a la Ciudad que, siendo notorio el trágico acontecimiento del día de Todos los santos, primero de este mes, en que después de haberse experimentado el temblor de tierra, salióse del mar de su centro. Rompió parte de la muralla de la Caleta e inundó porción del Barrio de la Viña, amagando entrar por tres veces, también por la Puerta del mar, ocasionando daños en algunos edificios y consternando al pueblo con tal terror que abandonaron sus casas muchas personas, que encontraron desgraciadamente la muerte en donde iban a salvar la vida; pero como estos efectos y otros que se van experimentando necesitan una relación individual para perpetuar memoria, lo hace presente solo a esta Ciudad por ahora, para que en su inteligencia y en la del Edicto que acompaña y presenta, acuerde lo que estime conveniente. (Incluyéndose el Edicto.) En el que (la Misa de acción de gracias, en la Catedral) estuvieron representadas todas las Comunidades, Cofradías y Rosarios, implorando la Divina Misericordia y el Patrocinio de la Inmaculada Virgen María, cuya Cofradía con la advocación del Santísimo Rosario, ha pasado aviso a dicho Sr. Procurador Mayor, haber resuelto, de acuerdo con la Comunidad de Sto. Domingo, celebrar una Novena de Misas cantadas por la mañana, y plática por la tarde, y que concluida se saque el sábado en la tarde una procesión con la imagen de Nuestra Señora del Rosario y los demás pasos que se quieran agregar, pasándolos alrededor de las murallas para universal consuelo de este afligido pueblo, que lo confía todo  del patrocinio del original de esta sagrada imagen; para que dicho Sr. Procurador Mayor lo noticiase en la Ciudad en nombre de dicha Comunidad y Cofradía, como lo ejecutó en todo lo anteriormente expuesto, para que en su inteligencia la Ciudad acuerde la demostración que su piedad y reconocimiento le dictase en obsequio de la soberana protección de la siempre Inmaculada Virgen bajo la advocación del Stmo. Rosario.
Y la Ciudad, en inteligencia de todo lo expuesto por dicho Procurador Mayor (que también añadió la noticia de haber entendido que el Ilmo. Cabildo Eclesiástico había de juntarse el lunes inmediato para hablar del mismo asunto con alguna circunstancia a que haya la Ciudad de tratar) y deseosa de estrechar mas y mas los vínculos de correspondencia que le unen con el Cabildo Catedral, acuerda dar tiempo a las disposiciones que pudiera determinar por si, declarando en el interior que, no oponiéndose a esto la erección de una columna sobre el cual se eleve una imagen de Nuestra Señora del Rosario, en el sitio que pareciere más oportuno, nombrándola por Patrona Titular de la Ciudad, con todas las extensiones que no se hubieran hecho en 1730, agregando en la forma que pareciere mas regular y sagrada el titulo del Santísimo Rosario, de suerte que no se oponga a los cánones ni a las disposiciones legales, y que el domingo de este en ocho días se haga una fiesta con toda la solemnidad a la Santísima Virgen del Rosario en la citada Iglesia de Santo Domingo, la cual se repita todos los años en el día de Todos los Santos, para memoria del suceso en él acaecido y Patrocinio Soberano, asistiendo capitularmente a la referida Iglesia. Y que en caso de que la resolución del Cabildo Eclesiástico no fuese la misma que la Ciudad ha acordado, se le convide a esta para que concurra a hacer mas solemne esta primera fiesta, con su asistencia, en la cual están conformes todos los Sres. Capitulares, a excepción de los señores D. Francisco Lebrun, D. Jerónimo Navadiero, D. Francisco Roldan, Marqueses de Casinas y de la Cañada, D. Bartolomé Losada, D. Joseph de Lila y D. Francisco Cepeda que añadieron, creían conveniente se votara además la extinción de las comedias, unos, y otros las suspensión de las representaciones; sobre lo cual acordó la Ciudad, deferirlo para otro Cabildo en que se expresara en forma, en la cédula convocatoria. También acordó la Ciudad, renovando la memoria devota de Ntro. P. Jesús Nazareno y Ntra. Sra. del Rosario, se den doscientos ducados, cien a cada una de las dos Cofradías, para ayudar de costas de la cera que están consumiendo en el culto de sus Santas Imágenes Titulares. Con lo que se levanto el Cabildo, siendo cerca de las dos de la tarde; y lo firman los Sres. Alcalde y Alguacil Mayor, de que yo el Escribano Secretario doy fe. Joseph Xavier de Solórzano- Juan Jiménez de Montalvo – Juan Lorenzo de Pro. Escrib de Cabildo”

El Cabildo Eclesiástico se reuniría el 12 de noviembre y dichos acuerdos fueron leídos en el Cabildo Secular del sábado 29  del mimo mes, según consta en el libro de Actas Capitulares. El acuerdo del Cabildo Eclesiástico es el siguiente:

“D. Francisco de Paula de Luarca, Prebendado de esta Santa Iglesia y Secretario Capitular de los Sres. Dean y Cabildo de ella.
Certifico, que en el que dichos Señores celebraron hoy día de la fecha a mi presencia citados por cédula ante idem, entre otros particulares se trató sobre el terremoto acaecido el día de Todos los Santos de este presente año, para determinar una memoria perpetua que en el futuro haga recuerdo del beneficio que esta Ciudad recibió de Su Divina Majestad en haber detenido el amago de su justicia, acordó lo siguiente:
Que el día de Todos los Santos de cada año a la hora de Prima se diga una misa rezada en el Oratorio de la antesala Capitular y con la Reliquia del Stmo. Lignum Crucis se conjure el mar desde la ventana de dicha Sala, como se hizo en el día del conflicto: Que a la hora de Tercia se manifieste el Stmo. y se entone el Tedeum acabada esta, el que se irá cantando durante la procesión claustral, llevándose en ella el Lignum Crucis y las imágenes de los Santos Patronos que han de estar expuestos a la pública veneración desde las vísperas del día de dichos Todos los Santos; Que en el sermón de ese día se encargue al Prebendado haga memoria del terremoto y sus circunstancias.
Asimismo votaron dichos Señores dos días de ayuno: el uno la víspera de dichos Santos Patronos y el otro el de la de Ntra. Sra. del Rosario, desde ahora para siempre.
Y para que conste doy el presente refiriéndome en un todo al citado acuerdo. En Cádiz a 12 de Noviembre de 1775. D. Francisco de P. Luarca, Rac. Secrt.”

Dicho Acta del Secular continua acordando la conformidad de lo expuesto por el Cabildo Eclesiástico y se daba por hecho oficialmente, constituida y proclamada a la Santísima Virgen del Rosario como Patrona de Cádiz. Como ratificación perpetua, el Cabildo Secular acuerda reformar el blasón de la ciudad para incluir en el a la Virgen del Rosario. El acta del Cabildo dice lo Siguiente:

“Cabildo General celebrado el jueves 1 de Abril de 1756. Se leyó el punto 2º de la cédula convocatoria, y en su consecuencia el señor D. Juan Luis de Orta, Procurador Mayor, hizo manifestación de una lamina que en virtud de acuerdos anteriores de esta Ciudad había hecho sacar, añadiendo a los antiguos el último jeroglífico de Stmo. Rosario, en memoria de lo sucedido el día 1 de Noviembre de año próximo pasado, a fin de que se pase al archivo de la Ciudad para usarlo en todas las dedicatorias, pasaportes, patentes y demás papeles y actos públicos y privados en que la Ciudad acostumbrara a poner el blasón de sus armas; y enterada la Ciudad de todo lo propuesto por dicho regidor, acordó aprobar, como aprueba todo lo por él actuado en este particular, y que los ciento y veinte pesos en que ha dicho ajustó dicha lámina se paguen y dicho Sr. Los libre sobre los caudales lo mas pronto, como también  el costo del adorno de las imágenes de los Santos Patronos y su caídas, de que dicho Sr. Dio cuenta en el Cabildo anterior; pero ahora nuevamente se le encarga que si en las caídas antiguas estuviere el escudo de armas de la Ciudad, procure se coloquen las nuevas en la forma que parezca mas lucida y semejante a lo antiguo…”

Este proyecto de reforma del escudo que aprobó el Cabildo Secular, de llegarse a usar, duró poco tiempo, ya que no se conoce ningún documento donde aparezca el escudo, lo que no 
cabe duda es que después de la intersección milagrosa de la Virgen del Rosario en el Terremoto de Lisboa, la Ciudad decidió cambiar su blasón e incluir el Rosario. El Ayuntamiento perpetuó el milagro encargando una pintura de grandes dimensiones quedando situada en la escalera principal del mismo. Como recuerdo del milagro de la Virgen en el terremoto fue levantado el Triunfo del Stmo. Rosario, aprobado en el Cabildo Secular del 8 de noviembre de 1755. Para la edificación del mismo se presentaron varios diseños, escogiéndose el realizado por Torcuato Cayón de la Vega en 1756. La falta de escultores retraso el inicio de la obra, comenzándolo a esculpir un escultor local seis años después, pero la obra quedo paralizada caer preso el artista. Para que la obra siguiera su curso el escultor fue trasladado desde la cárcel a los calabozos del Castillo de Santa Catalina, donde cada mañana recogían al escultor para trasladarlo al Hospicio donde se estaba esculpiendo el triunfo. Una vez puesto en libertad, desapareció dejando la obra inconclusa. Continuaría con las labores un escultor natural de Málaga que tampoco acabaría el monumento. Finalmente se contacto con el afamado escultor genotes Jacome Baccaro que tenia su residencia en Jerez de la Frontera y fue el encargado de concluir la obra. La misma se colocó frente al Hospicio en el año 1761 hasta que en septiembre de 1873 fue brutalmente derribado por el Ayuntamiento Republicano Federal de Fermín Salvochea, pasando posteriormente al interior del Hospicio. La base del triunfo contaba con el escudo de armas de la ciudad grabado en el frontal y con las siguientes leyendas en cada una de sus caras que hoy en día están depositadas en el Museo Histórico Provincial:

“BEATAE MARIAE SUB TITULO SS ROSARII
PROPTER INCOLUMITATEN EJUS MUNERO IN ERRAE MOTU
ANNI MDCCV
MIRABILITOR ASSERTAM, HOC GRATITUDINIS
MONUMENTUM GADITANI SENATUS PIETATIS DECREVIT
RELEGION VOVIT, AMPLITUD EREXIT”

Estando esta en la parte opuesta al escudo de la ciudad y en el costado izquierdo, su traducción al castellano:

“LA CIUDAD DE CÁDIZ, POR LA EXPERIMENTADA
LIBERTAD DEL ESTRAGO CONQUE LA AMENAZO EL TERREMOTO
DE PRIMERO DE NOVIEMBRE DE MIL SETECIENTOS CICUENTA Y CINCO
DEBIDA AL PATROCINIO DE MARIA SANTÍSIMA
EN SEÑAL DE SU ETERNO AGRADECIMIENTO
ACORDO CONSAGRAR ESTA COLUMNA A SU MAJESTAD CON EL TITULO
DEL SANTÍSIMO ROSARIO”

En el lado opuesto, la conmemoración de su erección:

“REINANDO EL S. DN. CARLOS III
SIENDO GOBERNADOR DE CÁDIZ EL EXCMO. SR. D. ANTONIO DE AZLOR
TENIENTE GENERAL DE LOS REALES EJERCITOS
Y DIPUTADOS LOS SRES. DN. JUAN DE HUARTE, REGIDOR
DE PREEMINENCIA
Y DN. MATEO MONTALVO, REGIDOR Y PROCURADOR MAYOR
AÑO DE 1761.”
En 7 de octubre de 1954 el Obispo de Cádiz, Tomas Gutiérrez Díaz, revestido de Pontifical, procedió a la bendición de la nueva ubicación del monumento dedicado al Triunfo de la Virgen del Rosario, situándose este en los jardines de Canalejas. El alcalde, D. José León de Carranza, de rodillas ante la Patrona en su último emplazamiento, renueva el voto que la ciudad hiciera en 1755. En la base del mismo se coloco una lapida reproducción la antigua inscripción y añadiendo:
“EL EXCMO. AYUNTAMIENTO DE 1954 ACORDO EMPLAZAR LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA, PATRONA DE CADIZ EN ESTOS JARDINES”
También como recuerdo del milagroso prodigio de la Virgen en 1755, la Cofradía del Santísimo Rosario instauró la Novena y Procesión del Terremoto que se vino celebrando hasta mediados del siglo XIX. Mas adelante escribiremos sobre la procesión del Terremoto, la cual se llevaba a cabo con la imagen pequeña que presidía el Altar Mayor de la Capilla de la V.O.T. de Santo Domingo, y que llegaba hasta la antigua Puerta del Mar donde se bendecían las Aguas. En 1855 al cumplirse un siglo del milagro del terremoto, el dominico Fray Juan Moreno escribe para su edición la Novena del Terremoto, siendo reeditada en 1912.

Es obligación de los frailes dominicos y los cofrades del Rosario instaurar de nuevo las fiestas del día 1 de Noviembre que hoy en día han caído en el olvido. Una vez pasada la novena a octubre, no sería descabellado instaurar un triduo en y la procesión del terremoto el día 1 en conmemoración del milagro de la Virgen del Rosario, pudiéndose realizar con la Virgen del Rosario Galeona.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Misa de campaña en 1895


Gracias a la prensa histórica (La Correspondencia de España y El Liberal de Madrid, 26/8/1895, La Ilustración Española y Americana 8/9/1895) descubrimos este desconocido episodio de la historia de nuestra ciudad y de nuestro país, que una vez mas tiene como protagonista a nuestra excelsa Patrona. Desde Cádiz han de partir los distintos regimientos que combatirán en la Guerra de Cuba. Nos remontamos al 25 de agosto de 1895.

 

A las cuatro de la mañana salio de la Iglesia de Santo Domingo la Virgen del Rosario, Patrona de Cádiz, acompañándola con cirios mas de doscientas señoras. La procesión cruzó el popular barrio de Santa María, donde se haya situada aquella Iglesia. Los vecinos se asomaban a los balcones y la gente llenaba las calles, aglomerándose al paso de la procesión. Esta, a aquellas horas, presentaba un aspecto fantástico. La Virgen fue colocada ante la tribuna levantada ante la fachada del Ayuntamiento y frente a la Puerta del Mar, por donde han de pasar las tropas. El altar en el que se halla la Virgen estaba adornado con guirnaldas de flores, plantas, colgaduras y trofeos militares. En el balcón principal del Ayuntamiento ondeaba el histórico pendón de la ciudad de Cádiz. Debajo del pendón, hecho con letras colosales, había un letrero de flores con las inscripciones “Álava, Cádiz, Soria”.

A las seis comenzó la misa de campaña en la plaza Isabel II. Adornado el Ayuntamiento, se encontraba un graderío presidido por la Virgen del Rosario, Patrona de Cádiz. Todas las casas que tenian vistas a la plaza lucían magnificas colgaduras. Al acto acudieron el Municipio y la Diputación, los generales Rodas, Castillejos, Rey y Santaló, las corporaciones, los batallones de Álava, Soria y Pavia, el de artillería de plaza y la oficialidad franca de servicio.

Oficio el prelado de Cádiz, Excelentísimo y Reverendísimo Sr. Vicente Calvo y Valero, ayudado del canónigo Sr. Morales, el cual, después de concluida la misa, dirigió una sentida plática a los expedicionarios. El señor obispo se dirigió de esta forma a los soldados: “Aquí estamos reunidos, ante el Señor de los ejércitos, ante su Santa Madre, el excelsa Emperatriz de las victorias que prende ese altar, con tanto gusto dispuesto, para impetrar gracia y protección a favor de los soldados que marchan, y que retornen victoriosos a este pueblo que ahora, triste, los ve partir. ¡Soldados de Álava y de Soria, sed devotos de la Virgen, recordad las oraciones que vuestras madres os enseñaban cuando con vuestras tiernas manecitas os hacían la señal de la Cruz en la frente! María os amparará y defenderá de los horrores y peligros de la guerra. En estos momentos solemnes, tan críticos como emocionados, e interpretando los deseos del Sumo Pontífice, cuya representación augusta todos los Obispos tenemos, yo bendigo a estas tropas y a este pueblo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Las personas que había en los balcones, azoteas y muralla con objeto de presenciar el desfile, sobrepasaba los 18.000. Terminada la misa, la Santísima Virgen fue de nuevo conducida a su templo, acompañada por todo el estamento oficial. El embarco de las tropas tendría lugar a la 13 horas de ese mismo día en la fragata Buenos Aires

Las ilustraciones que forman este articulo corresponden a una fotografía extraída de la revista “Blanco y Negro” siendo su autor Lebrón Luzuriaga, y una litografía reproducción dicha fotografía, impresa en la publicación periódica “La Ilustración Española y Americana”.

martes, 13 de diciembre de 2011

La Santa Misión de 1965



Dos Santas Misiones han tenido lugar en nuestra ciudad en el siglo pasado, y las dos tuvieron como protagonista a nuestra amada Patrona, la Virgen del Rosario. La primera se realizó en el año 1947 con motivo de su Coronación Canónica, y los frailes dominicos llevaron su predicación por todos los pueblos de la Diócesis, calificándose de éxito rotundo, y con la Virgen del Rosario por bandera. La segunda Misión General se celebró en Marzo de 1965 y su ámbito fue la Bahía de Cádiz y Vejer de la Frontera, aunque la participación de padres misioneros fue mucho mayor. Concretamente: 82 dominicos en Cádiz, repartidos en 30 centros en la ciudad; 10 padres paules en Vejer y 25 de la misma compañía en Chiclana; y 35 misioneros en San Fernando y 15 en Puerto Real, ambos del Sagrado Orden de la Compañía de Jesús. Estas misiones que a continuación detallaremos con detenimiento tenían como Misionera Mayor a nuestra Patrona, quien visito muchos de los centros misionales repartidos por toda la ciudad.



Por si cabe alguna duda detallamos lo que significaban estas Santas Misiones. En el pasado siglo las misiones se llevaron a cabo en el periodo de postguerra desapareciendo antes de los años 70. Su principal objetivo era el de acercar a los ciudadanos a la Fe, que en esos tiempos se encontraba debilitada tras el tormento de la Guerra Civil. Misiones que utilizaron también los políticos de entonces que las autorizaban y donde vertían discursos poco o nada beneficiosos para el principal fin de estas misiones, como profecías apocalípticas de grandes catástrofes o amenazas del retorno de la guerra. Con estos discursos no es de extrañar ver en fotografías de cualquier lugar de España una muchedumbre en cada acto misional que se llevaba a cabo. En las misiones se rezaba y se cantaba a la Virgen y a Jesús Sacramentado, y los sacerdotes misioneros predicaban la palabra en distintos templos y centros misionales repartidos por todas las ciudades.



Esta en cuestión del año 1965 se inició el 8 de Marzo con el recibimiento en Cádiz de los 82 padres dominicos, que partieron desde el Convento de Santo Domingo hasta la plaza de la Catedral donde el Sr. Obispo Mons. Añoveros los recibió y les impuso a cada uno la cruz misional. El cortejo que salió a las 6 en punto con los misioneros y la Virgen de Rosario desde Santo Domingo a la Catedral se formaba de la siguiente manera: Cruz procesional de la Santa Iglesia Catedral, seminario conciliar de San Bartolomé, clero regular y secular de la ciudad, cruces parroquiales yendo los párrocos con capas moradas y padres misioneros, cerrando el cortejo la Santísima Virgen del Rosario en unas andas portada por caballeros del Rosario y acompañada por la Banda de los Flechas Navales. A las 6.30 llegaba a la plaza la procesión acompañada de una multitud de personas que no pudieron acceder a la plaza de la Catedral, que ya se encontraba llena en esos momentos. Allí el obispo de Cádiz y Ceuta pidió al Señor y a la Stma. Virgen del Rosario un abundante fruto para la Santa Misión que acababa de comenzar. Al finalizar el acto y con el canto de la salve entonado por todos los allí congregados, se traslado a la Virgen a la Iglesia de Santiago, donde permanecería toda la noche para comenzar a visitar los centros misionales.



El día 9 la Virgen comenzó a recorrer los centros misionales del casco histórico, pasando por San Agustín y la Iglesia del Rosario para llegar a San Francisco donde pernocto. El día 10 salió en camino de la Iglesia de Ntra. Sra. del Carmen, y seguidamente busco la Parroquia de San Antonio haciendo antes estación en el Convento de las Madres Reparadoras. Ese día estaba prevista una gran misa colocando a la imagen de la Virgen en la puerta de San Antonio, pero la lluvia lo impidió. El día 11 la Virgen partió hacia San Felipe Neri, seguidamente marchó hacia la Iglesia Castrense del Santo Ángel, donde había sido exornado el patio con esmero para recibir a la Virgen, y finalmente llegó a San Lorenzo donde pernoctó. El día 12 llegó a la Iglesia de Ntra. Sra. de la Palma, pasando antes por las escuelas de La Viña. Seguidamente marchó a la Iglesia de Capuchinos y ya bien entrada la noche partió hacia el Convento de la Piedad de las Madres Concepcionistas donde fue recibida con el canto de la Salve por parte de las monjas y donde pernoctó hasta el día siguiente. En la mañana de 13 de Marzo partió la Virgen en Rosario de la Aurora hacia Santa Cruz, y ya por la tarde marchó a Santa María donde hizo estación y llegando seguidamente a la Iglesia de la Merced donde durante toda la noche se hicieron turnos de vela. La Virgen recorrió todos los centros acompañada de muchísimos fieles aunque en algunas jornadas se vieran sorprendidos por la lluvia como en el traslado de San Francisco a El Carmen donde los misioneros sugirieron que solo acompañasen a la Virgen los que gozaran de buena salud ante la impresionante tromba de agua que caía del cielo, aunque el consejo no fue tomado por ninguno de los allí presente y el pueblo volvió a caminar con su patrona sin miedo a la lluvia y a las enfermedades que podrían contraer.



En la jornada del 14 de Marzo la Virgen salió de la Iglesia Merced hacia la Plaza de San Juan de Dios, donde junto con Jesús Nazareno presidió el Magno Vía-Crucis de la Santa Misión. Las imágenes de los protectores de la ciudad fueron colocadas a los lados de la tribuna que presidía el Obispo Añoveros. A los laterales de la plaza se situaron las distintas imágenes de las cofradías de Cádiz que quisieron participar en este Vía-Crucis. Las imágenes que llegaron a la plaza de San Juan de Dios fueron las siguientes: Stmo. Cristo de la Expiración, Ntro. Padre Jesús Afligidos, Ntro. Padre Jesús de las Penas, Ntro. Padre Jesús de la Columna, Stmo. Cristo de las Aguas, Ntro. Padre Jesús Nazareno del Amor, Ntro. Padre Jesús de la Salud, Ntro. Padre Jesús de la Sentencia, Stmo. Cristo de la Piedad, Jesús de Medinaceli, Ntro. Padre Jesús en la Oración en el Huerto, Stmo. Cristo del Descendimiento, Ntra. Sra. de los Dolores (V.O.T.), María Stma. de los Desamparados, Ntra. Sra. del Amparo, Ecce-Mater y María Stma. de las Penas. Al finalizar el Vía-Crucis la Virgen de Rosario comenzó a visitar los centros de extramuro, partiendo junto con el Señor de la Oración en el Huerto hacia la Parroquia de San Severiano, donde pernoctó.



Desde el 15 hasta el 18 de marzo permaneció la Virgen en extramuros, visitando multitud de centro misionales entre los que se encuentra el ya citado de San Severiano, la Parroquia de San José, los Astilleros, los centros escolares Carmen Jiménez y Padre Villoslada, el Cuartel de la Guardia Civil, el colegio de los salesianos, el colegio San Felipe Neri y la Parroquia de Santo Tomas entre otros. Muy emotiva fue la visita a los Astilleros donde fue acompañada por multitud de trabajadores de la factoría que fueron a recoger a la Virgen a la puerta, que llegó con el acompañamiento musical de la banda de cornetas y tambores de los flechas navales. También esperaba a la Virgen el director de la factoría, D. Luis Delgado Leal. La Virgen recorrió todo el centro de trabajo pasando por todos los talleres, para que quedara situada en una amplia zona donde un obrero pronuncio una alocución. También muy emotiva fue la visita a la Parroquia de Santo Tomas, ultimo templo donde pernocto la Virgen en la noche del 17 de marzo. El Padre coadjutor de Santo Tomas hablaba así a sus feligreses el día anterior a la visita: “Mañana, por primera vez en nuestro barrio, nos van a traer a la Patrona” y a renglón seguido, la iglesia rompió en aplausos y en vítores a la Virgen del Rosario.



El jueves 18 de marzo a las 10 de la noche llegaba a Santo Domingo la Patrona acompañada de los fieles de todos los centros de extramuros. Según nos narra la prensa local de entonces, el gentío que acompañaba la Virgen al cruzar los arcos de Puerta de Tierra y al bajar la Cuesta de las Calesas era impresionante, sin que la vista alcanzara ver el final de la marea humana mientas sonaban cantos marianos. En la puerta del Santuario esperaba el prior de los dominicos, que rendía ferviente bienvenida a la Patrona. Acompañaba a la Santísima Virgen el Padre Lledó, director de la Santa Misión, y el Padre Ternero, delegado diocesano y provicario. Finalmente se le canto la Salve a la Virgen en acción de gracias a los ejercicios espirituales que alcanzó la misión. El día 19 tuvo lugar la clausura de la Misión en el Convento de Santo Domingo, oficiando la eucaristía el Sr. Obispo y el 20 la despedida de los padres misioneros.



Pero además de Nuestra Patrona, también tuvo gran protagonismo la imagen de La Galeona, que tenia previsto partir el día 13 de marzo del puerto de Cádiz en el remolcador de la marina de guerra R.A. 4 para llegar a la altura de Lerache, en alta mar, y visitar a la flota que allí realizaba sus labores de pesca, pero una avería impidió. Al día siguiente tras solventarse los problemas, pudo zarpar el barco que llevó a la Virgen a los pescadores para llevarle el mensaje del evangelio junto con los misioneros. La imagen de La Galeona desembarcó en el puerto de Cádiz en la ya madrugada del 18 de Marzo, entorna a la 1 de la mañana. Previamente a arribar a Cádiz, se celebró una eucaristía a bordo del remolcador. En el puerto gaditano se había congregado entorno a 4.000 personas pera ver la llegada de la Virgen que fue recibida con el canto de la salve. Inmediatamente después se organizó la procesión hacia el convento donde formaban parte los misioneros que habían viajado a alta mar con la Virgen. La procesión caminó en silencio por las altas horas y cruzo la virgen el dintel del convento a hombros de los padres misioneros.



Encabezando el articulo vemos una imagen de la Virgen del Rosario por la calle Plocia, de camino a la plaza de la Catedral. En la segunda ilustración corresponde al anverso y reverso de la estampa editada con motivo de la Santa Misión y en la tercera vemos a los padres dominicos participantes en el claustro del convento. En la cuarta fotografía vemos a la Virgen del Rosario en la Plaza de la Catedral, en el recibimiento a los misioneros. En la quinta y sexta imagen, vemos a la Virgen en el Convento de San Francisco, y su posterior traslado a la Iglesia del Carmen, a su paso por la Alameda, bajo una incesante lluvia. La séptima fotografía correspondo a la estancia de la Patrona en la Iglesia de San Lorenzo y la octava a la visita a la Iglesia de Nuestra Señora de la Palma. En la novena imagen se encuentra la Stma. Virgen en la Parroquia de San Severiano. En la décima y onceaba se reproduce la histórica vista a los Astilleros. En la penúltima fotografía se aprecia la llegada de la Virgen a su Santuario tras visitar los distintos centros misionales. Y por ultimo vemos una imagen de La Galeona una vez embarcada en el remolcador que la llevaría a alta mar para visitar a los pescadores.