lunes, 2 de noviembre de 2015

La intercesión de la Virgen del Rosario en el terremoto de 1755

Conocidísimos son los hechos que sucedieron en la ciudad en la mañana del sábado 1 de noviembre del año 1755, no tan conocido es lo que supuso ese terremoto en el devenir de la historia de Nuestra Patrona. Nos relatan las crónicas que a las diez de la mañana, un temblor de tierra de gran intensidad, se noto en toda la ciudad durante 10 minutos, originándose algunos daños, pero ninguno considerable. Poco después las olas alcanzaron entre 12 y 15 metros de altura, causando 15 muertos en la ciudad gracias a la rápida actuación del gobernador de la ciudad, D. Antonio Azlor, que mandó a cerrar la puerta de la muralla por donde se accedía a la ciudad, evitando así que la población huyera despavorida por el istmo que une la ciudad con la Isla de León, el cual quedó sumergido por la furia del mar. Posteriormente hemos sabido que el terremoto de Lisboa alcanzó nueve grados en la escala de Ritcher, considerándose como uno de los mas destructivos de la historia, dejando en España 61 muertos por el terremoto y mas de 2.000 por el tsunami.

Si bien, la tradición popular otorga a la Santísima Virgen del Rosario, en doble prodigio, que la furia del mar cesara y retrocediera milagrosamente; ante el estandarte de su Rosario Publico en el Barrio de la Viña, y en la muralla del Baluarte de los Negros ante la gloriosa imagen de la Virgen a la que ya estaba vinculado el patronato de la ciudad, pero gracias a este hecho quedaría refrendado por ambos cabildos, secular y eclesiástico.

Hasta Santo Domingo acudió el pueblo de Cádiz para implorar la intercesión de la Virgen, que se encontraba en sus andas para la procesión claustral que se celebraría al día siguiente, primer domingo de noviembre. La comunidad de padres dominicos ante la cantidad de fieles que llegaban al templo, deciden llevar procesionalmente a la Santísima Virgen hasta las murallas de la ciudad junto con Su Divina Majestad, portando la custodia un religioso dominico. El numeroso cortejo recorrió la calle Plocia para llegar al Callejón de los Negros y subir la rampa que allí existía para acceder a la muralla del Baluarte del mismo nombre donde depositan las andas de la Santísima Virgen junto con la custodia con el Señor Sacramentado, en ese momento la población allí congregada cae de rodilla al contemplar como las aguas retroceden y que perdía la fuerza, para justo después aclamar con entusiasmo a la Virgen del Rosario. Con el mar en calma se procedió a la procesión de regreso de la Virgen, quedando expuesta en el Copas de Santo Domingo durante todo el día mirando hacia el mar, para la veneración y agradecimiento de los fieles.

El Obispo de la diócesis, Fray Tomas del Valle se encontraba por accidente en la vecina localidad de Puerto Real, exclamando mientras contemplaba el maremoto “¡Ay Cádiz, Dios tenga de ti misericordia!” Al día siguiente llego el prelado a la ciudad, y sabedor del milagro de la Santísima Virgen acudió a dar gracias a Santo Domingo, acompañado de una gran muchedumbre. El martes 4 de noviembre publicó el siguiente edicto que transcribimos.

“Don Fray Tomás del Valle, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Cádiz y Algeciras, del Consejo de S. M .,su Capellán Mayor y Vicario General de la Real Armada del mar Océano, etc.
A todos los fieles de esta Ciudad: Salud, consolación y paz en Nuestro Señor Jesucristo.
Después de la terrible, espantosa y a nuestros ojos jamás vista tormenta del temblor de tierra, y enfurecida braveza del mar, en cuyos aparatos y horribles efectos llegamos a temer el sábado próximo, no sin fundamento, el que a Cádiz se lo hubiese tragado este voraz cristalino golfo; provida la Iglesia nuestra madre, aún no bien calmado el susto, y vistiéndose del espíritu que la anima, salió al encuentro a nuestras aflicciones: intimidándonos, por general consuelo por parte de Dios, el siguiente gratísimo edicto, en el introito de la Misa, de la dominica inmediata, que fue ayer, deducida del capítulo 29 de Jeremías, profeta, dice el Señor: «Yo tengo pensamiento de paz, y no esos tan turbulentos que habéis tenido; me invocareis, y yo os oiré muy pronto»; todo alusivo a la extraña tormenta que padecieron los Discípulos en las orillas de la mar, de que hace memoria el evangelio de dicho día; y viendo Nos, y otro tan oportuno igual, como que parecen idénticos los casos; no podemos dejar de repetiros que Dios en estos aparatos tormentosos no tiene pensamientos de guerra, sino de dulcísimos preparativos al establecimiento de la interminable paz, que quiere hacer con nuestras almas, llamándooslas con el espanto, buscándooslas con el movimiento de la tierra, efecto de la solicitud de sus pasos, haciéndose sentir en el retroceso del mar y en la furiosa cometida de sus olas; en las que a su vuelta si el Señor no viniera de paz ya hubiéramos perecido todos; y manifestándonos por último que si no lo tenemos de su parte estos amenazados castigos los experimentaremos en un instante, estragos sobre nosotros. No quiera el Señor de las Misericordias que nos mantengamos tan rebeldes y tan endurecidos que no lleguemos a percibir el ruido de sus divinos piadosos pensamientos; ni quiera Su Majestad que siguiendo Cádiz la inmensa libertad que se ha tomado en la profanidad, obscenidad y descompuesta compostura de su adorno, en que ya olvidando lo cristiano se pone todo el estudio en lo gentil y más arriesgado de la brillante ostentación con que se procura tapar el barro de nuestra mortal fetidez; acaso (acaso fatalísimo) lleguemos a vernos todos bajo el cuchillo de la Divina severidad y venganza, que no tardará, en no quitando nosotros las puntas aceradas de nuestros yerros, y culpas, que con tanto extremo en concurrencia y diversiones, que corrompen la moral cristiana, avivan su veloz movimiento.
A este fin, habido aquí por repetido el mencionado Edicto de Jeremías, profeta, llamamos y convidamos a todos los fieles de esta Ciudad a penitencia, compunción y llanto de nuestras culpas, por medio de un ayuno riguroso según las fuerzas de cada uno en el día de mañana miércoles 5 , en el que con acuerdo de los Ilustrísimos Cabildos Eclesiástico y Secular de esta Ciudad, hemos determinado salir por la tarde, llevando en procesión las dos hermosas efigies de Nuestros Santos Patronos San Servando y Germano cuya sangre regó esta tierra, que parece se nos quiere huir de nosotros por no poder tolerar el gravísimo peso de nuestras deformidades; y conduciendo también el relicario del Lignum Crucis con cuyo trofeo de la Pasión del Señor y Santas Imágenes, nos encaminaremos a la iglesia de Ntro. Padre Santo Domingo con la más devota rogativa, a poner a los pies de la Santísima Virgen del Rosario nuestros humillados contritos corazones, ya arrepentidos de haber laxado tanto las riendas; para lo que convocamos, citamos y pedimos a todos los fieles moradores de esta Ciudad, que tengan a bien acompañarnos, tanto en la estación dicha cuanto en la eficacia de pedir a Dios perdón y misericordia; y al día siguiente, jueves 6, se manifestará en esta Catedral con misa el Augustísimo Sacramento del Altar, entonando el Tedeum lauda- mus, en acción de gracias por tantas y tan divinas piedades. Por todo lo cual, y para que todos se prevengan con la correspondiente disposición y humillación debida a un acto tan piadoso y de tanta edificación y consuelo, mandamos despachar y despachamos este nuestro Edicto de general noticia a todos. Dado en Cádiz a cuatro días del mes de Noviembre de 1755.—FRAY TOMÁS, OBISPO DE CÁDIZ.—Por mandado de S. I. el Obispo mi Señor, DON LUCAS LÓPEZ DE BARRIO.”

Se cuenta que tanto las fiestas del día 5 como las del día 6 se celebraron con gran solemnidad participando en ellas todas las Comunidades, Cofradías y Hermandades de la ciudad, especialmente la del Rosario dotando de gran pompa todos los actos que se realizaron en Santo Domingo. También el ayuntamiento se sumó a los actos en agradecimiento a la Virgen del Rosario, acordado el Cabildo municipal lo siguiente que también transcribimos en su totalidad.

“Cabildo del sábado, día 8 de noviembre de 1755. Se juntó el Cabildo General en las Casas Capitulares de esta ciudad, Justicia y Regimiento, concurriendo los Sres. Don José Javier de Solórzano, del Consejo de S.M. en la Real Audiencia de Sevilla, Teniente de Gobernador y Alcalde Mayor por S.M. en esta; Don Juan Antonio Jiménez de Montalvo y Cabrera, Alguacil Mayor; D. Juan de Huarte, D. Manuel de Barrios y Soto, D. Juan Luis de Orta, Procurador Mayor; D. Francisco Lebrun Chacón, del Orden de Santiago; D. Jerónimo Ravaschiero y Tiesco, D. Francisco José Roldan y Villalta, D. Juan Vicente de Salazar y Herrera, D. Juan Manuel de Alderete, Marques de Casinas; D. Juan Terry, Marques de Cañada, D. Luis Arnesto de Troya; D. Francisco de Cepeda Guerrero, del Orden de Calatrava; D. Antonio Legobien y Mendoza, D. Diego Martínez Contador, D. Juan José Romero Yepes, D. Bartolomé Antonio de Losada y Quiroga y D. José de Lila y Fantoni, todos Regidores perpetuos de esta ciudad, y juntos capitularmente, habiéndose mandado entrar en la Sala Capitular y entrando en ella Joseph Martín y Miguel Montero, porteros, exhibieron las cédulas convocatorias para este Cabildo cuyos puntos son: Para oír al Procurador Mayor sobre lo acaecido el día de Todos los Santos, sábado 1 de este mes y sus incidencias; y jurado dichos porteros por Dios y una Cruz, según derecho, certificando haber convocado a todos los señores capitulares que se hallan en esta ciudad y pudieron ser habidos, y a los que no, les dejaron recado en las casas de sus moradas, con expresión bastante de los puntos de dicha cédula, con lo que se procedió a la celebración de este Cabildo en que se trató y se acordó lo siguiente:
Leyóse la cédula convocatoria y en su consecuencia el Sr. D. Juan Luis de Orta, Procurador Mayor, manifestó a la Ciudad que, siendo notorio el trágico acontecimiento del día de Todos los santos, primero de este mes, en que después de haberse experimentado el temblor de tierra, salióse del mar de su centro. Rompió parte de la muralla de la Caleta e inundó porción del Barrio de la Viña, amagando entrar por tres veces, también por la Puerta del mar, ocasionando daños en algunos edificios y consternando al pueblo con tal terror que abandonaron sus casas muchas personas, que encontraron desgraciadamente la muerte en donde iban a salvar la vida; pero como estos efectos y otros que se van experimentando necesitan una relación individual para perpetuar memoria, lo hace presente solo a esta Ciudad por ahora, para que en su inteligencia y en la del Edicto que acompaña y presenta, acuerde lo que estime conveniente. (Incluyéndose el Edicto.) En el que (la Misa de acción de gracias, en la Catedral) estuvieron representadas todas las Comunidades, Cofradías y Rosarios, implorando la Divina Misericordia y el Patrocinio de la Inmaculada Virgen María, cuya Cofradía con la advocación del Santísimo Rosario, ha pasado aviso a dicho Sr. Procurador Mayor, haber resuelto, de acuerdo con la Comunidad de Sto. Domingo, celebrar una Novena de Misas cantadas por la mañana, y plática por la tarde, y que concluida se saque el sábado en la tarde una procesión con la imagen de Nuestra Señora del Rosario y los demás pasos que se quieran agregar, pasándolos alrededor de las murallas para universal consuelo de este afligido pueblo, que lo confía todo  del patrocinio del original de esta sagrada imagen; para que dicho Sr. Procurador Mayor lo noticiase en la Ciudad en nombre de dicha Comunidad y Cofradía, como lo ejecutó en todo lo anteriormente expuesto, para que en su inteligencia la Ciudad acuerde la demostración que su piedad y reconocimiento le dictase en obsequio de la soberana protección de la siempre Inmaculada Virgen bajo la advocación del Stmo. Rosario.
Y la Ciudad, en inteligencia de todo lo expuesto por dicho Procurador Mayor (que también añadió la noticia de haber entendido que el Ilmo. Cabildo Eclesiástico había de juntarse el lunes inmediato para hablar del mismo asunto con alguna circunstancia a que haya la Ciudad de tratar) y deseosa de estrechar mas y mas los vínculos de correspondencia que le unen con el Cabildo Catedral, acuerda dar tiempo a las disposiciones que pudiera determinar por si, declarando en el interior que, no oponiéndose a esto la erección de una columna sobre el cual se eleve una imagen de Nuestra Señora del Rosario, en el sitio que pareciere más oportuno, nombrándola por Patrona Titular de la Ciudad, con todas las extensiones que no se hubieran hecho en 1730, agregando en la forma que pareciere mas regular y sagrada el titulo del Santísimo Rosario, de suerte que no se oponga a los cánones ni a las disposiciones legales, y que el domingo de este en ocho días se haga una fiesta con toda la solemnidad a la Santísima Virgen del Rosario en la citada Iglesia de Santo Domingo, la cual se repita todos los años en el día de Todos los Santos, para memoria del suceso en él acaecido y Patrocinio Soberano, asistiendo capitularmente a la referida Iglesia. Y que en caso de que la resolución del Cabildo Eclesiástico no fuese la misma que la Ciudad ha acordado, se le convide a esta para que concurra a hacer mas solemne esta primera fiesta, con su asistencia, en la cual están conformes todos los Sres. Capitulares, a excepción de los señores D. Francisco Lebrun, D. Jerónimo Navadiero, D. Francisco Roldan, Marqueses de Casinas y de la Cañada, D. Bartolomé Losada, D. Joseph de Lila y D. Francisco Cepeda que añadieron, creían conveniente se votara además la extinción de las comedias, unos, y otros las suspensión de las representaciones; sobre lo cual acordó la Ciudad, deferirlo para otro Cabildo en que se expresara en forma, en la cédula convocatoria. También acordó la Ciudad, renovando la memoria devota de Ntro. P. Jesús Nazareno y Ntra. Sra. del Rosario, se den doscientos ducados, cien a cada una de las dos Cofradías, para ayudar de costas de la cera que están consumiendo en el culto de sus Santas Imágenes Titulares. Con lo que se levanto el Cabildo, siendo cerca de las dos de la tarde; y lo firman los Sres. Alcalde y Alguacil Mayor, de que yo el Escribano Secretario doy fe. Joseph Xavier de Solórzano- Juan Jiménez de Montalvo – Juan Lorenzo de Pro. Escrib de Cabildo”

El Cabildo Eclesiástico se reuniría el 12 de noviembre y dichos acuerdos fueron leídos en el Cabildo Secular del sábado 29  del mimo mes, según consta en el libro de Actas Capitulares. El acuerdo del Cabildo Eclesiástico es el siguiente:

“D. Francisco de Paula de Luarca, Prebendado de esta Santa Iglesia y Secretario Capitular de los Sres. Dean y Cabildo de ella.
Certifico, que en el que dichos Señores celebraron hoy día de la fecha a mi presencia citados por cédula ante idem, entre otros particulares se trató sobre el terremoto acaecido el día de Todos los Santos de este presente año, para determinar una memoria perpetua que en el futuro haga recuerdo del beneficio que esta Ciudad recibió de Su Divina Majestad en haber detenido el amago de su justicia, acordó lo siguiente:
Que el día de Todos los Santos de cada año a la hora de Prima se diga una misa rezada en el Oratorio de la antesala Capitular y con la Reliquia del Stmo. Lignum Crucis se conjure el mar desde la ventana de dicha Sala, como se hizo en el día del conflicto: Que a la hora de Tercia se manifieste el Stmo. y se entone el Tedeum acabada esta, el que se irá cantando durante la procesión claustral, llevándose en ella el Lignum Crucis y las imágenes de los Santos Patronos que han de estar expuestos a la pública veneración desde las vísperas del día de dichos Todos los Santos; Que en el sermón de ese día se encargue al Prebendado haga memoria del terremoto y sus circunstancias.
Asimismo votaron dichos Señores dos días de ayuno: el uno la víspera de dichos Santos Patronos y el otro el de la de Ntra. Sra. del Rosario, desde ahora para siempre.
Y para que conste doy el presente refiriéndome en un todo al citado acuerdo. En Cádiz a 12 de Noviembre de 1775. D. Francisco de P. Luarca, Rac. Secrt.”

Dicho Acta del Secular continua acordando la conformidad de lo expuesto por el Cabildo Eclesiástico y se daba por hecho oficialmente, constituida y proclamada a la Santísima Virgen del Rosario como Patrona de Cádiz. Como ratificación perpetua, el Cabildo Secular acuerda reformar el blasón de la ciudad para incluir en el a la Virgen del Rosario. El acta del Cabildo dice lo Siguiente:

“Cabildo General celebrado el jueves 1 de Abril de 1756. Se leyó el punto 2º de la cédula convocatoria, y en su consecuencia el señor D. Juan Luis de Orta, Procurador Mayor, hizo manifestación de una lamina que en virtud de acuerdos anteriores de esta Ciudad había hecho sacar, añadiendo a los antiguos el último jeroglífico de Stmo. Rosario, en memoria de lo sucedido el día 1 de Noviembre de año próximo pasado, a fin de que se pase al archivo de la Ciudad para usarlo en todas las dedicatorias, pasaportes, patentes y demás papeles y actos públicos y privados en que la Ciudad acostumbrara a poner el blasón de sus armas; y enterada la Ciudad de todo lo propuesto por dicho regidor, acordó aprobar, como aprueba todo lo por él actuado en este particular, y que los ciento y veinte pesos en que ha dicho ajustó dicha lámina se paguen y dicho Sr. Los libre sobre los caudales lo mas pronto, como también  el costo del adorno de las imágenes de los Santos Patronos y su caídas, de que dicho Sr. Dio cuenta en el Cabildo anterior; pero ahora nuevamente se le encarga que si en las caídas antiguas estuviere el escudo de armas de la Ciudad, procure se coloquen las nuevas en la forma que parezca mas lucida y semejante a lo antiguo…”

Este proyecto de reforma del escudo que aprobó el Cabildo Secular, de llegarse a usar, duró poco tiempo, ya que no se conoce ningún documento donde aparezca el escudo, lo que no 
cabe duda es que después de la intersección milagrosa de la Virgen del Rosario en el Terremoto de Lisboa, la Ciudad decidió cambiar su blasón e incluir el Rosario. El Ayuntamiento perpetuó el milagro encargando una pintura de grandes dimensiones quedando situada en la escalera principal del mismo. Como recuerdo del milagro de la Virgen en el terremoto fue levantado el Triunfo del Stmo. Rosario, aprobado en el Cabildo Secular del 8 de noviembre de 1755. Para la edificación del mismo se presentaron varios diseños, escogiéndose el realizado por Torcuato Cayón de la Vega en 1756. La falta de escultores retraso el inicio de la obra, comenzándolo a esculpir un escultor local seis años después, pero la obra quedo paralizada caer preso el artista. Para que la obra siguiera su curso el escultor fue trasladado desde la cárcel a los calabozos del Castillo de Santa Catalina, donde cada mañana recogían al escultor para trasladarlo al Hospicio donde se estaba esculpiendo el triunfo. Una vez puesto en libertad, desapareció dejando la obra inconclusa. Continuaría con las labores un escultor natural de Málaga que tampoco acabaría el monumento. Finalmente se contacto con el afamado escultor genotes Jacome Baccaro que tenia su residencia en Jerez de la Frontera y fue el encargado de concluir la obra. La misma se colocó frente al Hospicio en el año 1761 hasta que en septiembre de 1873 fue brutalmente derribado por el Ayuntamiento Republicano Federal de Fermín Salvochea, pasando posteriormente al interior del Hospicio. La base del triunfo contaba con el escudo de armas de la ciudad grabado en el frontal y con las siguientes leyendas en cada una de sus caras que hoy en día están depositadas en el Museo Histórico Provincial:

“BEATAE MARIAE SUB TITULO SS ROSARII
PROPTER INCOLUMITATEN EJUS MUNERO IN ERRAE MOTU
ANNI MDCCV
MIRABILITOR ASSERTAM, HOC GRATITUDINIS
MONUMENTUM GADITANI SENATUS PIETATIS DECREVIT
RELEGION VOVIT, AMPLITUD EREXIT”

Estando esta en la parte opuesta al escudo de la ciudad y en el costado izquierdo, su traducción al castellano:

“LA CIUDAD DE CÁDIZ, POR LA EXPERIMENTADA
LIBERTAD DEL ESTRAGO CONQUE LA AMENAZO EL TERREMOTO
DE PRIMERO DE NOVIEMBRE DE MIL SETECIENTOS CICUENTA Y CINCO
DEBIDA AL PATROCINIO DE MARIA SANTÍSIMA
EN SEÑAL DE SU ETERNO AGRADECIMIENTO
ACORDO CONSAGRAR ESTA COLUMNA A SU MAJESTAD CON EL TITULO
DEL SANTÍSIMO ROSARIO”

En el lado opuesto, la conmemoración de su erección:

“REINANDO EL S. DN. CARLOS III
SIENDO GOBERNADOR DE CÁDIZ EL EXCMO. SR. D. ANTONIO DE AZLOR
TENIENTE GENERAL DE LOS REALES EJERCITOS
Y DIPUTADOS LOS SRES. DN. JUAN DE HUARTE, REGIDOR
DE PREEMINENCIA
Y DN. MATEO MONTALVO, REGIDOR Y PROCURADOR MAYOR
AÑO DE 1761.”
En 7 de octubre de 1954 el Obispo de Cádiz, Tomas Gutiérrez Díaz, revestido de Pontifical, procedió a la bendición de la nueva ubicación del monumento dedicado al Triunfo de la Virgen del Rosario, situándose este en los jardines de Canalejas. El alcalde, D. José León de Carranza, de rodillas ante la Patrona en su último emplazamiento, renueva el voto que la ciudad hiciera en 1755. En la base del mismo se coloco una lapida reproducción la antigua inscripción y añadiendo:
“EL EXCMO. AYUNTAMIENTO DE 1954 ACORDO EMPLAZAR LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA, PATRONA DE CADIZ EN ESTOS JARDINES”
También como recuerdo del milagroso prodigio de la Virgen en 1755, la Cofradía del Santísimo Rosario instauró la Novena y Procesión del Terremoto que se vino celebrando hasta mediados del siglo XIX. Mas adelante escribiremos sobre la procesión del Terremoto, la cual se llevaba a cabo con la imagen pequeña que presidía el Altar Mayor de la Capilla de la V.O.T. de Santo Domingo, y que llegaba hasta la antigua Puerta del Mar donde se bendecían las Aguas. En 1855 al cumplirse un siglo del milagro del terremoto, el dominico Fray Juan Moreno escribe para su edición la Novena del Terremoto, siendo reeditada en 1912.

Es obligación de los frailes dominicos y los cofrades del Rosario instaurar de nuevo las fiestas del día 1 de Noviembre que hoy en día han caído en el olvido. Una vez pasada la novena a octubre, no sería descabellado instaurar un triduo en y la procesión del terremoto el día 1 en conmemoración del milagro de la Virgen del Rosario, pudiéndose realizar con la Virgen del Rosario Galeona.

No hay comentarios:

Publicar un comentario